Exposición Tres siglos de pintura mexicana. Colecciones privadas

  • Entrada: GRATUITA.
  • Periodo: de Octubre 2018 a Enero 2019. 
  • Lugar: Casa de México en España, Alberto Aguilera 20, 28015, Madrid.
  • Horario: Lunes y martes 10:00 a 19:00 horas / Sábados 10:00 a 14:00
  • Visitas guiadas: gratuitas los Martes a las 11:30 y Jueves a las 19:30. 
  • Organizadores: La Casa de México en España y el Banco Nacional de México, a través de Fomento Cultura Banamex, A.C.

Muestra del desarrollo de la pintura en México con una selección de treinta y seis obras realizadas entre los siglos XVII y XX provenientes de colecciones privadas.

Desnudo con alcatraces (1944) de Diego Rivera.
Desnudo con alcatraces (1944) de Diego Rivera

Desde la época virreinal el coleccionismo privado en México ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de las artes. A diferencia del coleccionismo oficial, operado por el Estado, -en el siglo XIX, por medio de la Academia de San Carlos, y en el siglo XX, por medio del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Instituto Nacional de Bellas Artes – el coleccionismo privado se ha ocupado de reunir y preservar la producción artística de géneros como el retrato, el paisaje y la naturaleza muerta, en el siglo XIX, y la producción de caballete de la Escuela Mexicana de Pintura y de las vanguardias, en el siglo XX; conformando un complemento de las colecciones públicas que se hallan en los museos y sitios gubernamentales que permite una cabal comprensión del devenir artístico nacional.

Salas de la exposición Tres siglos de pintura mexicana. Colecciones privadas
Salas de la exposición Tres siglos de pintura mexicana. Colecciones privadas

Galería de imágenes


Contenido del folleto oficial de la exposición

Nota de Itineratur: A continuación reproducimos toda la información contenida en el  folleto explicativo de la exposición. 

Resumen de la exposición

La muestra, dividida cronológicamente, inicia con once piezas de la producción pictórica novohispana, con pintores de la talla de Cristóbal de Villalpando y Miguel Cabrera, en las que se abordan temas religiosos e históricos, retratos, vistas y cuadros de castas.

Del siglo XIX se presentan obras de algunos de los artistas europeos y estadounidenses que, al abrirse las fronteras del país después de la consumación de la Independencia en 1821, arribaron en nutrido contingente y dejaron testimonio de su fascinación por el paisaje y los vestigios arqueológicos de pasado prehispánico. Otras piezas son también de pintores extranjeros, como el catalán Pelegrín Clavé y el itailano Eugenio Landesio, quienes llegaron a México contratados por la Academia de San Carlos, en donde formaron a una naciente generación de artistas que despuntaría en la segunda mitad del siglo, respondiendo a las nuevas tareas artísticas que demandaba el Estad-nación y el coleccionismo privado. 

Las obras exhibidas correspondientes al siglo XX revelan los variados abordajes formales y temáticos que desplegó la pintura mexicana con la asimilación de las vanguardias y la orientación nacionalista promovida por los gobiernos surgidos de la Revolución de 1910. En forma paralela, se desarrollaron otras corrientes artísticas como el surrealismo, y en la década de 1950, el geometrismo  la abstracción, representadas por artistas como Pedro Coronel. Entre las tendencias más significativas de las últimas décadas figura la de Francisco Toledo, quien abrevó en las culturas indígenas para crear un lenguaje universal. 

El Virreinato

Las obras del periodo virreinal presentes en la exposición son representativas de los géneros que se practicaron en el reino de la Nueva España durante los siglos XVII-XVIII; la pintura religiosa, histórica y de castas el retrato y las vistas. 

Cristóbal de Villalpando, uno de los artistas más destacados del siglo XVII, se caracterizó por sus figuras estilizadas, sus “texturas aterciopeladas” y sus composiciones rubenianas. En el siglo XVIII la pintura alcanzó un momento de esplendor con la consolidación de las escuelas regionales, la invención de nuevas iconografías y la agrupación de los artistas en academias; se caracterizó por los tonos pasteles, la suavidad en el dibujo y la introducción de lo íntimo y lo doméstico, elementos presentes en los cuadros expuestos y a los que se debe sumar el interés por la representación de las diversiones, como en el biombo Jornada campestre, atribuido a Miguel Cabrera.

Lamentación por Cristo muerto (ca. 1670-1679) de Cristóbal de Villalpando.

Además de la pintura religiosa devocional, conocieron también un notable despliegue el retrato, las vistas urbanas y las escenas costumbristas. La alta burocracia novohispana y la aristocracia se hicieron retratar, ya fuera con vistosas cartelas que daban cuenta de su origen y trayectoria, bajo la protección del santo de su devoción o con figuras alegóricas, como en los retratos de los virreyes Miguel José de Azanza y Juan Vicente Güemes Pacheco.

Uno de los géneros más originales que produjo el arte novohispano fue, sin duda, la pintura de castas, composiciones que mostraban el mestizaje de los diferentes grupos raciales que habitaban en la Nueva España. En ellas se aprecia la variopinta sociedad en escenas costumbristas compuestas por una familia nuclear, ambientadas en interiores domésticos o en paisajes urbanos o rurales que dan cuenta de los oficios, el vestuario, los ajuares domésticos, los frutos regionales y la posición social de los personajes. 

El Parián (ca. 1678-1770) por círculo de Nicolás Enríquez.
El Parián (ca. 1678-1770) por círculo de Nicolás Enríquez. 

El siglo XIX

Con la fundación de la Academia de San Carlos en 1781 se inició un nuevo periodo en el arte mexicano caracterizado por un deseo de modernidad patente en la formación de los artistas bajo los lineamientos del neoclasicismo, en la realización de proyectos arquitectónicos de gran envergadura y en la renovación de los programas iconográficos. Este empuje artístico, patrocinado desde la Corona, se vio interrumpido por la Guerra de Independencia (1810-1821). 

Entre 1821 y 1848 la Academia enfrentó problemas financieros que mermaron su productividad; sin embargo, el medio artístico se benefició con la llegada de los “artistas viajeros”, europeos y estadounidenses, que plasmaron el paisaje, las costumbres y los vestigios arqueológicos de las antiguas culturas prehispánicas, de lo que dan cuenta la Catedral de México de Pedro Gualdi, La Pirámide del Sol de Jean Baptiste Louis Gros y el Valle de México desde la hacienda de los Morales de Conrad Wise Chapman. 

La Catedral de México (1850) de Pedro Gualdi
La Catedral de México (1850) de Pedro Gualdi
Volcán de Orizabal desde la Hacienda de San Miguelito (1892) de José María Velasco
Volcán de Orizabal desde la Hacienda de San Miguelito (1892) de José María Velasco 

Por su parte, el italiano Eugenio Landesio, llegado a México en 1855 para ocupar la dirección de Paisaje en la Academia de San Carlos, respondió a la demanda de los hacendados para ver representadas sus residencias campestres; una buena muestra de ello es Hacienda de Colón. Su discípulo más aventajado fue Jose María Velasco, quien llegó a convertirse en uno de los artistas mexicanos más destacados. 

Valle de México desde la hacienda de los Morales (1899) de Conrad Wise Chapman

Valle de México desde la hacienda de los Morales (1899) de Conrad Wise Chapman

El retrato y el bodegón gozaron también de gran estima entre la burguesía mexicana. Los retratistas hacían gala de todas sus habilidades para representar las ricas texturas del atuendo de los modelos y la opulencia del mobiliario que los enmarcaba como puede observarse en el retrato del Niño Gamio de Pelegrín Clavé. Mientras que uno de los mejores exponentes del bodegón fue José Agustín Arrieta, quien plasmó en sus cuadros la rica gama de productos naturales y platillos tradicionales del país. 

Análisis del cuadro Dama con cántaro (ca. 1915) de Germán Gedovious

El siglo XX

La primera década del siglo XX se singularizó por una renovación artística que permitió el desarrollo de las vanguardias en la Academia de San Carlos gracias a la innovación de los programas de estudio, a la “desacralización” de los modelos clásicos y al rechazo de la teoría de la jerarquía de los géneros. 

La Revolución (1910-1920) no interrumpió del todo la actividad artística: se realizaron exposiciones de arte y artesanías, se estableció una escuela para la práctica de la pintura al aire libre, la crítica de arte mantuvo una intensa actividad  los intelectuales se dieron a la tarea de reflexionar sobre “el arte nacional”. Toda esta efervescencia artística llevó a José Clemente Orozco a declarar en su Autobiografía “La pintura mural se encontró en 1922 la mesa puesta”. 

Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, junto con otros artistas como Roberto Montenegro y Alfredo Ramos Martínez, desde sus diferenciados estilos y posturas políticas, se abocaron a la tarea de crear imágenes de “lo mexicano” en los muros de los edificios públicos, pero también en su obra de caballete. En forma paralela surgió otra corriente de carácter subjetivo e intimista, representada por artistas como Jesús Guerrero Galván, Manuel Rodríguez Lozano, Rufino Tamayo y Julio Castellanos. Mención aparte merece el Dr. Atl, quien innovó el género del paisaje con un lenguaje plástico basado en la síntesis de las formas, la intensidad del color y la perspectiva curvilínea. 

Fragmento de Entre la filosofía y la ciencia (1948) de Juan O'Gorman
Fragmento de Entre la filosofía y la ciencia (1948) de Juan O’Gorman

En la década de 1950, la Generación de la Ruptura, integrada por artistas opuestos al realismo social y la épica revolucionaria, abogaba por los impulsos de la abstracción lírica y geométrica rechazando cualquier ideal colectivo como fuente de la creatividad; entre los artistas más representativos de esta corriente figuran Pedro Coronel y Rodolfo Nieto. 

Tehuana (ca. 1950) de Roberto de Montenegro
Tehuana (ca. 1950) de Roberto de Montenegro

Hacia 1980, Francisco Toledo alcanzó el reconocimiento mundial de su obra, inspirada en la cultura zapoteca de su tierra natal plasmada con un lenguaje universal que ha contado con numerosos seguidores, entre los que destaca Sergio Hernández. Al mismo tiempo, surgió una corriente denominada “neo-mexicanismo”, caracterizada por la pintura que abrevaba desde una visión nostálgica, en las raíces tradicionales nacionales, perdidas en el proceso de modernización, y en la que se ubica la obra del oaxaqueño Rodolfo Morales.

Espero que disfrutéis de esta exposición

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